Veinticinco años en construcción

 Nadie podrá decir que las obras del Gran Teatro de Cádiz, hoy teatro Falla, se hicieron  deprisa y corriendo. Nada menos que veinticinco años se invirtieron en su construcción. En agosto de 1881 el viejo teatro de la plaza de Fragela quedó reducido a cenizas tras un enorme incendio. Ese mismo día, un grupo de gaditanos encabezados por el marqués de Santo Domingo de Guzmán, formaron una sociedad para levantar otro teatro. Las obras dieron comienzo en 1884, pero la terminación no llegaría hasta finales de 1909.  La foto, del Archivo Municipal, corresponde a finales del siglo XIX.

3 comentarios

  1. escrito por gaditano el 6.01.10

    hola. a ver si alguien puede colgar alguna foto junto con información sobre los restos arqueológicos que se encontraron en los trabajos de cimentación del teatro Falla.
    gracias y un saludo.

  2. escrito por manolocadiz el 7.01.10

    Tengo algunas referencias bibliográficas, pero lo único que te puedo decir es que se hallaron abundantes vestigios de enterramientos romanos. Si quieres la bibliografía y tienes la suerte de encontrarla ahí va:
    Vera y Chillier: Antigüedades de la Isla de Cádiz (1887); Morales de los Ríos: Un poco de Historia Gaditana, en Revista Artística y Literaria (1884); Diario de Cádiz (12 de marzo de 1887).
    Lamentablemente no tengo más información, y mucho menos iconografía. Si la consigues te agradecería que la compartieses. Un saludo

  3. escrito por manolocadiz el 7.01.10

    Durante la cimentación del «Nuevo Teatro» que se construyó en lo que hoy es Plaza de Falla, según describe el arquitecto Adolfo Morales de los Ríos (MORALES DE LOS RÍOS, 1884) se encontraron numerosas ánforas, de tipología desconocidas para él, quien se jactaba de haber visitado muchos museos. Además, se encontraron tres piletas de salazón, a juzgar por la des-cripción dada, aunque entonces se creyó que se trataba de las instalaciones de un lagar (VERA Y CHILIER, y otros, 1887 pág. 121); (Diario de Cádiz, 1887) y (RAMÍREZ DELGADO, 1982).
    La descripción de Morales de los Ríos nos muestra un relato breve pero que recoge aspectos de gran interés al corresponderse esta con la única referencia existente de este hallazgo. Evidentemente estamos ante una descripción interesante pero en algunos aspectos insuficientes para conocer con total seguridad la funcionalidad del conjunto (MORALES DE LOS RÍOS, 1884):
    “Descubriose una pequeña alberca sobre un suelo consolidado de piedra partida. La alberca tendría un metro de profundidad, era cuadrada de 5,00 m de lado y estaba perfectamente revocada interiormente con un rico cemento romano. Tenía su fondo con vertientes al centro, hacia una especie de cazoleta central, excepto por uno de sus costados en el que se derivaba un canal cuya endeble inclinación correspondía al borde superior de otras dos albercas diferentes en superficie y volumen y colocadas más bajo que la primera en un declive del terreno.
    De tal modo estaba dispuesta la desembocadura del canalón, que pudiera á voluntad y por medio de compuertas llenarse uno ú otro de los dos aljibes ó los dos á la vez. Al mismo tiempo las albercas segunda y tercera comunicaban por otro surtidor y aprovechando siempre desniveles del terreno. Las tres albercas estaban construidas del mismo modo y en la prolongación del muro de separación entre las números 2 y 3 aparecieron restos de escalinata”
    A juzgar por esta descripción se trata de una gran pileta principal de 5 m de lado que surte a otras dos menores que también se encontraban vinculadas entre sí. El retrato de las pilas parece mostrarnos que se encontraban recubiertas de opus signinum al referirse a “un rico cemento romano” presentando este conjunto por su características y morfología un indudable carácter hidráulico.
    Morales de los Ríos interpretó estas piletas descritas como un lagar a partir de las estructuras y de los restos anfóricos, J. R. Ramírez no hace precisiones al respecto recogiéndolas simplemente entre las “industrias extra-radiales” del Cádiz romano (RAMÍREZ DELGADO, 1982). L. Lagóstena será quien varíe la funcionalidad de las mismas al identificarlas, a partir de esta descripción, como balsas de salazón (LAGÓSTENA BARRIOS, 2001).
    La referencia de Morales de los Ríos recoge la abundancia de restos anfóricos localizados en este lugar (MORALES DE LOS RÍOS, 1884):
    “Se encontraban colocadas en filas y enterradas según la costumbre romana de guardar líquidos, siendo muy notable un tipo de ánfora por su modelo que hasta el día no había notado en ninguno de mis muchísimos museos que tengo vistos y visitados y una de ellas lo es tanto más por la clase de operculum ó tapa-boca de barro ligero (como hecho de caholí) y en forma de embudo doble”
    Además de los restos anfóricos localizados en el entorno de las estructuras el autor describe los materiales hallados en el relleno de una de las piletas (MORALES DE LOS RÍOS, 1884):
    “En el fondo de esta última aparecieron tejas romanas, ánforas rotas y cantidad de clavos de cobre que debieron formar parte del tinglado que la cubrían”